Medio en broma y medio en serio, durante toda la
campaña presidencial me la pasé diciendo que si ganaba AMLO, al día siguiente
me largaba a vivir a Canadá.
Hace dos semanas fueron las elecciones y yo sigo
aquí ‘tan pancha’. He de confesar que las primeras noches no podía dormir. Todo
el rato le daba vueltas a la cabeza con lo que me imaginaba que podría pasarle
a mi México bajo el mandato de López Obrador. No por nada Santa Teresa decía
que la imaginación era la loca de la casa. Pasaron por mi cabeza
escenarios dignos de películas de Buñuel y de Visconti. Me vi medio desnuda con
cuatro harapos cubriéndome el cuerpo buscando comida en los basureros. También
me vi escondida en el sótano huyendo de los revolucionarios, e incluso, me
pensé en un granero viejo con mis hijos huyendo de los ‘chairos’ que me
mandarían al paredón por haber votado por Anaya. Afortunadamente todo se quedó en
una de esas novelas mentales que me invento y regresó a mi alma la calma.
Además, no sé ni dónde quedan los basureros municipales, ni mi casa tiene
sótano y no creo que haya muchos graneros viejos por donde yo me muevo y las
historias tipo película de Pedro Infante no son lo ordinario en estos tiempos.
Sigo pensando que al Sr. López Obrador le sobra
lengua, creo que habla más rápido de lo que piensa y por eso dice las
barrabasadas que suelta sin el más mínimo reparo. Ya ha tenido que rectificar
promesas de campaña por que a la hora de la verdad ha visto que son
completamente inviables. Lo único que me ha parecido bueno hasta ahora es que
al parecer ha puesto en su gabinete a personas con sentido común que por lo
visto, no lo dejarán cometer demasiadas burradas (¡eso espero!).
Desde Echeverría creo que no hemos tenido un solo
presidente más o menos pasable. Todos en mayor o menor grado han sido en el
fondo unos delincuentes de cuidado. Unos han pasado por la historia más sin
pena que gloria y otros lo han hecho con todos los deshonores posibles Con este
último mequetrefe que se dedicó a cometer todas las tropelías típicamente
priístas sin recato alguno terminamos del partido en cuestión hasta la
coronilla como quedó demostrado en las elecciones. Nunca ese partido había
tenido un candidato con la preparación y el encanto de Meade y ni así logró un resultado más o menos decente.
El problema del PAN fue otro. Ricardo Anaya, un
joven preparado y con mucho entusiasmo y buenas ideas tuvo la osadía de
revolucionar a su partido y meter al ‘cuarto
de los trebejos’ a los panistas de la vieja escuela. La idea general es que
dividió al partido y así lo hizo. Para mi, su gran problema es que no supo
empatizar con el pueblo llano. En eso López Obrador es un maestro. El le gusta
al pueblo por que les habla en su mismo idioma, se solidariza con el pueblo y
toma el papel del pueblo. Dice lo que todos quieren oír, y promete corregir las
cosas que tienen a todo el mundo harto…y bueno, después de 18 años de campaña,
la revolución le hizo justicia y como el slogan de la Reforma Agraria: La
tierra es de quien la trabaja, este señor López se trabajó la presidencia
durante 18 años recorriendo el país de cabo a rabo por arriba y por abajo.
No hay que olvidar que Andrés Manuel es manufactura
priísta. Militó en ese partido durante 12 años hasta que se unió con el ala
izquierda del PRI para fundar al PRD. Ha militado en casi todos los partidos
políticos del país, sólo le faltó el PAN. Debe de traer más escuela que ningún
otro político en este país, pero…¿eso lo convertirá en un buen presidente?
Continuará…


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